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Un ministerio juvenil de la Diócesis de Paterson reúne cada semana a más de cuarenta jóvenes adultos que buscan algo más que una reunión: buscan una familia.
Cada semana, en la parroquia San Antonio de Padua, un grupo de jóvenes adultos se reúne para orar, compartir su fe y crecer juntos. El ministerio EPIC —siglas en inglés de Everything’s Possible in Christ, Todo es posible en Cristo— ha crecido desde sus humildes comienzos hasta convertirse en uno de los espacios juveniles más vivos de la Diócesis de Paterson, reuniendo a jóvenes de distintas ciudades e incluso de otros estados.
Las reuniones semanales combinan reflexión de fe, estudio bíblico y oración, pero con el tiempo se han convertido en algo más difícil de definir con palabras: un lugar donde los jóvenes pueden llegar con sus preguntas, su historia y su búsqueda, sin sentirse juzgados. El grupo también organiza actividades recreativas —entre ellas, un reciente viaje de esquí— que refuerzan los lazos de comunidad fuera del ambiente parroquial.
Un fuego que no quería apagar
Para Danquiewiez González, todo comenzó con un retiro espiritual y una experiencia que no supo cómo ignorar.
“Sentí el fuego del amor de Dios en mi corazón”, recuerda. “Después de que terminó el retiro, no quería que ese fuego se apagara dentro de mí, por eso decidí integrarme al grupo EPIC para seguir conociendo más de Dios y fortalecer mi fe.”
Desde entonces, su participación en la parroquia no ha hecho sino crecer. Hoy sirve como proclamador en la misa y habla de su fe con una claridad que él mismo atribuye a ese momento de gracia. “Ahora veo la vida desde otro punto de vista. Todo esto nace porque Dios está en mi corazón y quiero servirle con alegría.”
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Jonathan Moran llegó al grupo con un deseo parecido: volver a acercarse a su fe y encontrar acompañamiento en el camino. Lo que encontró fue eso y algo más. “Desde que me uní al grupo he recibido muchos recursos útiles y he conocido personas dispuestas a ayudarme en mi proceso de discernimiento”, cuenta.
Entre las experiencias que más lo han marcado está el retiro del grupo. Para describir lo que vivieron aquellos días, Jonathan recurre a las palabras del Salmo 133: “ ¡Qué bueno y agradable; es que los hermanos vivan unidos!”
Un regreso inesperado
Brenda Marte creció dentro de la Iglesia. Pero como les ocurre a muchos jóvenes, los años universitarios la alejaron de la práctica de la fe. Fue una experiencia personal de conversión la que despertó en ella el deseo de regresar.
Un día vio en el boletín parroquial el anuncio de un retiro para jóvenes adultos. Decidió ir. Esa decisión, aparentemente pequeña, marcó el inicio de una nueva etapa.
“He hecho amistades centradas en Dios. Mi vida ha cambiado para mejor”, dice hoy, con la sencillez de quien habla desde la convicción, no desde el entusiasmo del momento. Su compromiso ha ido creciendo: actualmente es catequista del primer año de confirmación y participa en la comunidad misionera Shalom en Nueva York.
Lo que más valora del grupo son las horas santas ante el Santísimo Sacramento. “Hay algo muy especial en estar frente a Jesús en el Santísimo con todos tus amigos. Saber que hay tantos jóvenes buscando a Dios y que tenemos ese apoyo mutuo es algo muy hermoso.”
Construir una familia, no solo un grupo
Detrás del crecimiento de EPIC hay personas que han invertido tiempo y corazón en construir algo que va más allá de un programa parroquial.
Kenneth Acevedo, uno de los coordinadores, describe su experiencia en EPIC como algo profundamente significativo en su vida. Al reflexionar sobre su participación en el ministerio, explica que formar parte del grupo ya era una experiencia muy valiosa, pero asumir el servicio de coordinación ha sido aún más especial. En sus palabras: “Ser parte de EPIC ha sido verdaderamente gratificante, pero ser coordinador ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.”
Según comenta, el grupo ha crecido en los últimos años y hoy reúne a jóvenes adultos de diferentes ciudades e incluso de otros estados. El objetivo del ministerio, explica, es ofrecer un espacio donde los jóvenes puedan sentirse escuchados y acompañados en su camino de fe. Con ese propósito, añade: “Hemos creado un lugar donde los jóvenes adultos pueden venir sin sentirse juzgados ni solos.”
Jessica Álvarez recuerda los comienzos, cuando en algunas reuniones apenas se juntaban unas pocas personas. Hoy no es raro ver más de cuarenta jóvenes reunidos en una sola noche. Para ella, ese crecimiento no se explica con estrategias de comunicación ni programas atractivos, sino con algo más simple: el calor humano de la acogida en Cristo. “Nos esforzamos por tratar a cada persona como un miembro de nuestra familia.”
Y a esa familia, los coordinadores extienden una invitación abierta a cualquier joven adulto que busque profundizar su fe o simplemente quiera ver si hay algo para él en este camino. Como resume Jessica: “Siempre hay un lugar para ti en nuestra familia.”
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‘Todo es posible en Cristo’: el grupo EPIC transforma la vida de jóvenes en San Antonio de Padua #Catholic – ![]()
Un ministerio juvenil de la Diócesis de Paterson reúne cada semana a más de cuarenta jóvenes adultos que buscan algo más que una reunión: buscan una familia.
Cada semana, en la parroquia San Antonio de Padua, un grupo de jóvenes adultos se reúne para orar, compartir su fe y crecer juntos. El ministerio EPIC —siglas en inglés de Everything’s Possible in Christ, Todo es posible en Cristo— ha crecido desde sus humildes comienzos hasta convertirse en uno de los espacios juveniles más vivos de la Diócesis de Paterson, reuniendo a jóvenes de distintas ciudades e incluso de otros estados.
Las reuniones semanales combinan reflexión de fe, estudio bíblico y oración, pero con el tiempo se han convertido en algo más difícil de definir con palabras: un lugar donde los jóvenes pueden llegar con sus preguntas, su historia y su búsqueda, sin sentirse juzgados. El grupo también organiza actividades recreativas —entre ellas, un reciente viaje de esquí— que refuerzan los lazos de comunidad fuera del ambiente parroquial.
Un fuego que no quería apagar
Para Danquiewiez González, todo comenzó con un retiro espiritual y una experiencia que no supo cómo ignorar.
“Sentí el fuego del amor de Dios en mi corazón”, recuerda. “Después de que terminó el retiro, no quería que ese fuego se apagara dentro de mí, por eso decidí integrarme al grupo EPIC para seguir conociendo más de Dios y fortalecer mi fe.”
Desde entonces, su participación en la parroquia no ha hecho sino crecer. Hoy sirve como proclamador en la misa y habla de su fe con una claridad que él mismo atribuye a ese momento de gracia. “Ahora veo la vida desde otro punto de vista. Todo esto nace porque Dios está en mi corazón y quiero servirle con alegría.”
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Jonathan Moran llegó al grupo con un deseo parecido: volver a acercarse a su fe y encontrar acompañamiento en el camino. Lo que encontró fue eso y algo más. “Desde que me uní al grupo he recibido muchos recursos útiles y he conocido personas dispuestas a ayudarme en mi proceso de discernimiento”, cuenta.
Entre las experiencias que más lo han marcado está el retiro del grupo. Para describir lo que vivieron aquellos días, Jonathan recurre a las palabras del Salmo 133: “ ¡Qué bueno y agradable; es que los hermanos vivan unidos!”
Un regreso inesperado
Brenda Marte creció dentro de la Iglesia. Pero como les ocurre a muchos jóvenes, los años universitarios la alejaron de la práctica de la fe. Fue una experiencia personal de conversión la que despertó en ella el deseo de regresar.
Un día vio en el boletín parroquial el anuncio de un retiro para jóvenes adultos. Decidió ir. Esa decisión, aparentemente pequeña, marcó el inicio de una nueva etapa.
“He hecho amistades centradas en Dios. Mi vida ha cambiado para mejor”, dice hoy, con la sencillez de quien habla desde la convicción, no desde el entusiasmo del momento. Su compromiso ha ido creciendo: actualmente es catequista del primer año de confirmación y participa en la comunidad misionera Shalom en Nueva York.
Lo que más valora del grupo son las horas santas ante el Santísimo Sacramento. “Hay algo muy especial en estar frente a Jesús en el Santísimo con todos tus amigos. Saber que hay tantos jóvenes buscando a Dios y que tenemos ese apoyo mutuo es algo muy hermoso.”
Construir una familia, no solo un grupo
Detrás del crecimiento de EPIC hay personas que han invertido tiempo y corazón en construir algo que va más allá de un programa parroquial.
Kenneth Acevedo, uno de los coordinadores, describe su experiencia en EPIC como algo profundamente significativo en su vida. Al reflexionar sobre su participación en el ministerio, explica que formar parte del grupo ya era una experiencia muy valiosa, pero asumir el servicio de coordinación ha sido aún más especial. En sus palabras: “Ser parte de EPIC ha sido verdaderamente gratificante, pero ser coordinador ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.”
Según comenta, el grupo ha crecido en los últimos años y hoy reúne a jóvenes adultos de diferentes ciudades e incluso de otros estados. El objetivo del ministerio, explica, es ofrecer un espacio donde los jóvenes puedan sentirse escuchados y acompañados en su camino de fe. Con ese propósito, añade: “Hemos creado un lugar donde los jóvenes adultos pueden venir sin sentirse juzgados ni solos.”
Jessica Álvarez recuerda los comienzos, cuando en algunas reuniones apenas se juntaban unas pocas personas. Hoy no es raro ver más de cuarenta jóvenes reunidos en una sola noche. Para ella, ese crecimiento no se explica con estrategias de comunicación ni programas atractivos, sino con algo más simple: el calor humano de la acogida en Cristo. “Nos esforzamos por tratar a cada persona como un miembro de nuestra familia.”
Y a esa familia, los coordinadores extienden una invitación abierta a cualquier joven adulto que busque profundizar su fe o simplemente quiera ver si hay algo para él en este camino. Como resume Jessica: “Siempre hay un lugar para ti en nuestra familia.”